Patricia Álvarez: todas las personas somos diversas, como los colores del Arcoiris.

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Patricia Álvarez es la directora de la Fundación Candelaria Solidaria (CANDESOL), desde sus inicios hace ya 11 años. Pero anterior a esto ya era la máxima responsable del centro ocupacional Arcoíris (que recientemente ha cumplido la mayoría de edad), un lugar en el que el proyecto de nuestra protagonista ha tomado vida propia, convirtiéndose en una realidad en la que actualmente 13 personas con diversidad funcional afrontan su día a día con autonomía y decisión propia.

“Arco Iris ha sido mi proyecto y lo implanté en Candelaria hace ya 18 años” destaca Patricia Álvarez, señalando que los inicios fueron complicados, “¡Imagínate poner en marcha un proyecto de inserción laboral con personas que no conocíamos! ¡Fue ir puerta por puerta dando a conocer este proyecto!”, apunta. A los siete años de la implantación de este centro se crearía FUNCASOL, a la que se incorporaría Arcoíris, además del Centro de Alimentos, el ropero solidario y el Voluntariado.

El proyecto Arcoiris giraba en torno a la formación en “Viveros y Jardines” con la intención de crear empleo para las personas que formaban parte del mismo, y paralelamente se hacían actividades de ajuste personal y social. “Se trataba de un proyecto integral. Se ofrecía una parte de formación y también de crecimiento personal y autonomía, todo orientado a la inserción en el mercado laboral”, añade la directora del centro que por aquel entonces contaba con 18 personas (15 usuarias y un equipo de trabajo conformado por 3)
18 años después, el centro ocupacional Arcoíris cuenta con 22 personas (13 usuarios y 9 personal laboral) que dedican gran parte de su tiempo a la inclusión social porque “no se trata de integrar, se trata de incluir. Cuando hablamos de integración parece que hablamos de integrar en… Pero nosotros no queremos que nos integren en… ¡Queremos estar en la sociedad y punto! Nosotros lo que pretendemos es la inclusión, que llegue un momento que no se hable de personas con discapacidad porque tienen unas necesidades de las diferentes accesibilidades (física, cognitiva), sino que desde pequeños nos empecemos a ver todos iguales aunque cada uno tenga pequeñas diferencias”.

Pasado este tiempo, Arcoíris ha alcanzado su reto “para mi todas han logrado estar incluidas en la sociedad y en cuanto a inserción laboral ha habido un número significativo de personas que están trabajando”.

Patricia Álvarez destaca además que lo más complicado de este proyecto fue acabar con “las zonas de confort” tanto de los usuarios como de las familias, “es duro pasar de estar protegido en casa, siendo una prolongación más de la madre y sin asumir vida propia, a trabajar en la socialización, en la propia autonomía y comprobar cómo cambia la vida y se asumen responsabilidades”, indica, matizando que “lo que fue complicado en esa parte de relaciones, de generar ese tejido dentro del equipo…, con el tiempo todas esas dificultades se han convertido en oportunidades. Ya son las propias personas usuarias del centro las que acogen al resto”.

Formar parte de la familia Arcoíris tiene momentos dulces y momentos amargos. Para Álvarez uno de los más triste es el provocado por el fallecimiento de uno de los usuarios del centro, una experiencia que vivieron hace cinco años y que sigue ahí “el hecho de perder a un miembro de esta familia, a un color del arcoíris, es difícil”. Pero también hay momentos muy alegres, “para mí cada día”, nos comenta. “Es cierto que hay momentos puntales, muy significativos, sobre todo cuando consigues un objetivo. Pero cuando cada día te reciben con una sonrisa o te traen dibujos que han realizado repletos de cariño… Son gratificaciones con las que demuestran lo a gusto que están aquí”, asevera.

Actualmente, el principal objetivo del centro es la promoción de la autonomía, empoderamiento e inclusión, para lo que llevan a cabo diferentes actividades diarias, aunque en ocasiones no obtengan el apoyo de una pequeña parte de la vecindad. “Durante muchos años estuvimos haciendo el decorado de Navidad de la Avenida de los Menceyes, a lo que dedicábamos 3 meses de trabajo. Y los dos últimos años nos llegaron algunos comentarios negativos, como que eran cosas feas y poco adecuadas para la campaña navideña. La verdad es que fue frustrante porque ves que no se ha valorado ese trabajo artesanal realizado por los usuarios del centro. A pesar de esto había muchísima gente que sí que nos felicitaba y valoraba. Desde hace dos años esta decoración la hemos limitado al entorno donde nos encontramos”.

Patricia Álvarez es una de esas mujeres que suman marcando un antes y un después en la sociedad, dedicando su tiempo a mejorar la vida de otras personas, sobre todo si hacemos referencia a las 13 usuarias del Centro Arcoiris, preparadas para darnos a todos lecciones de inclusión, buenas prácticas, mejora de la accesibilidad, aceptación y respeto.

Texto: Tere Coello
Fotos: Juan Carlos González


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