Maeva Tendero, matrona del vino

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Desde siempre y hasta, casi, principios del siglo XXI, el trabajo de la mujer en el campo ha sido poco reconocido. A pesar de que ellas fueron -y siguen siendo- las guardianas de la biodiversidad, su trabajo, mucho y a destiempo, no constaba ante la administración: ni era meritorio de salario ni de cotización a la Seguridad Social. Afortunadamente esta circunstancia ha cambiado. Muchísimas mujeres se han profesionalizado en tareas agrícolas, ocupando puestos de gran relevancia en todo aquello que esté relacionado con el mundo rural, ya sea a nivel político, financiero o empresarial.

Maeva Tendero es de esas personas que suman a la sociedad. En la actualidad compatibiliza su profesión con la concejalía de Gobierno que ocupa en el Ayuntamiento de Candelaria. Desde pequeña adoraba el campo (sus abuelos fueron pieza clave en ello), lo que la impulsó a estudiar y, aunque por aquel entonces deseaba ser matrona, finalmente se decantó por Ingeniería Técnica Agrícola, Enología y Máster en Ingeniería Química, lo que la ha convertido en una de las mujeres más influyentes del Valle de Güímar en esta materia.

“Mis abuelos eran agricultores y hacían vino. Todo el proceso que seguían me fascinaba y me decanté por la carrera de Ingeniería Técnica Agrícola, en la que descubrí la Enología y en la que quise ampliar mis estudios. Pero no se podía estudiar aquí (Tenerife) así que tuve que irme fuera, a la Universidad de Córdoba. Fue muy duro porque era bastante joven y requería estar allí 2 años, lejos de la familia, algo a lo que no estaba acostumbrada”.

¿Tuvo apoyo para estudiar esa carrera, por aquel entonces, con mayor presencia masculina?
Muchas personas me preguntaban que para qué iba a estudiar yo eso, algo que aquí no tenía salida. Es cierto que en aquel momento las bodegas tenían excedente de un año para otro. Ya no es así, las bodegas se vacían en el año. Llevo trabajando en esto desde 2006 y me ha ido muy bien.

¿Además de la distancia, estudiar esta asignatura supuso un esfuerzo extra?
La verdad es que sí, ya que existía un desconocimiento de nuestros vinos. Nosotras (otra compañera y yo) teníamos que demostrar al profesorado que era errónea su percepción de los vinos canarios y que nuestros vinos tenían muchísima calidad. Afortunadamente, hoy en día eso ha cambiado: nuestros vinos gozan de un buen posicionamiento y son garantes de calidad, mundialmente reconocidos y ocupando el puesto que se merecen.

Por su condición de mujer, ¿en algún momento le han prohibido entrar en una bodega?
Recuerdo, con 20 años, ir con amigos (casualmente eran todos chicos), a visitar alguna bodega; iba con ellos porque entendía de vinos y, por entonces, el dueño de la bodega no permitirme entrar… Hay que tener en cuenta que esto se debía a la tradición y a las costumbres arraigadas. Hoy en día es diferente, la mujer se ha visualizado muchísimo más, formándose en lo que quiere ser, tanto enólogas, como viticultoras, catadoras o técnicos en los Consejos. Las mujeres están formadas a gran nivel, siendo muy trabajadoras y grandes profesionales. Lo que está claro es que este sector no es ya un mundo solo de hombres; de hecho existen muy buenas enólogas y viticultoras, algunas de ellas con sus propias empresas y elaborando un vino excelente.

¿Qué supone para usted ser enóloga?
Ser enóloga es una pasión. Cuando te dedicas a esto el sacrificio es grande, para empezar, las vacaciones. La época de vendimia coincide con el periodo vacacional, en esos meses no te puedes ir de viaje, por ejemplo. Tienes que estar ahí todos los días, controlando el vino. ¡Al final te adaptas porque este trabajo se hace con mucha pasión!

¿Por qué cree que existen tan buenas enólogas?
Hay quien lo atribuye al desarrollo de los sentidos. Las mujeres tienen alta capacidad a la hora de hacer un análisis sensorial de los vinos. Tal vez, sea porque estamos más familiarizadas con ciertos sabores y aromas debido a que cocinamos más, por ejemplo, el aroma a clavo. Algunos hombres que se inician en esta área porque quieren conocer más de vinos encuentran más dificultad por el desconocimiento de ciertos aromas, pero tampoco es determinante. Lo que es cierto es que existen cada vez más mujeres enólogas, y muy buenas, lo reconozco.

Una vez que finaliza sus estudios e ingresa en el mundo laboral, ¿ha tenido que abrirse paso a codazos en un sector masculinizado por tradición?
Siempre me ha gustado trabajar y que se vean los resultados, a lo mejor he tenido que esperar más tiempo para que se me reconozca, ¡puede ser! Pero siempre he sido constante en mi trabajo, mejorando y reciclándome continuamente. He de decir que muchos vinos de los que he elaborado han sido premiados y estoy muy contenta. ¡Cómo no, agradeciendo a mi jefe la oportunidad que me ha dado de trabajar con él desde el año 2007! (aunque a veces en periodos intermitentes, compatibilizando con otras ocupaciones)

¿Siempre quiso dedicarse a esto? ¿Qué quería ser cuando era una niña?
Cuando era pequeña quería ser matrona pero una vez me tocó hacer unas curas a un familiar y me temblaron las piernas… entonces me di cuenta que yo para esto no había nacido. Cuando finalicé en el instituto me gustaba mucho la Geología pero había que ir a la península y con menos de 18 años no me veía preparada, así que me decanté por lo ya comentado. La verdad es que yo disfruto con lo que hago. Es mucho estrés, mucha responsabilidad, muchas horas de trabajo de lunes a domingo pero realmente disfruto haciendo el vino, con las mezclas, con toda su elaboración hasta el momento final en el que compruebas qué vino te ha salido. ¡Esto es muy importante!
¿Y toda esa elaboración del vino no es comparable con ese cuidado de la gestación de una parturienta?
Realmente es así porque tú estás cuidando la viña todo el año y, al final, el fruto está en la botella. Pero todo el año estás pendiente: con la poda, cuidado de la viña, las plagas y enfermedades, la vendimia y ya, después, viene el nacimiento del vino que vendría a ser durante la fermentación que se va creando del mosto que se transforma en vino.

Se acerca Navidad, ¿con qué brindamos?
Hay que apostar por los vinos canarios, sobre todo por los vinos del Valle. Y no solo en Navidad. Siempre hay un momento para disfrutar de una copa de buen vino, de nuestros vinos, apostando por nuestros campos, nuestra agricultura, nuestra gente.

Texto: Tere Coello

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