EL MATRIMONIO EN EL MUNDO ABORIGEN

en ISLA el .

El matrimonio entre los aborígenes era realizado mediante ritos y ceremonias, que compartían algunas semejanzas entre diferentes islas.

En Tenerife, según Tejera Gaspar, se practicaba la poligamia o poliginia1:

“…Contrastando las diferentes noticias, parece desprenderse que la poligamia o poliginia, sería la fórmula usual del matrimonio para la génesis del grupo familiar…”2

Y cita a Espinosa:

“…Y tenían las mujeres que querían y podían sustentar…”3

Pedro Guerra Cabrera, citando a Espinosa y autores como Ca da Mosto y Torriani, afirma también que la sociedad aborigen de Tenerife practicaba la poligamia, aunque también nos dice que autores como Azurara, Abreu Galindo y Viana afirmaban que no tenían más que una mujer 4.

En Gran Canaria, Tomás Marín de Cubas, nos dice:

“…casaban los canarios con una mujer que duraba hasta la muerte de uno de los dos, dice Pedro Luxan, libro 1 capitulo 9 en sus diálogos matrimoniales, que los canarios y canarias casaban con cinco maridos, o mujeres…”5

Según Espinosa, en Tenerife no existía ni rito ni ceremonia para contraer matrimonio y la forma en la que un hombre y una mujer pasaban a ser esposos era la siguiente:

“…Su modo de contraer matrimonio era: En agradando al varón alguna mujer, fuese doncella, viuda o repudiada de otro pedíala a sus padres (si los tenía) y, si ellos consentían, sin otra ceremonia ni concierto quedaban casados con el consentimiento de ambos…”6

Siendo de la misma forma, el divorcio era realizado de forma sencilla y sin más eco en el resto de la población, según este mismo autor:

“…Y como el casamiento era fácil de contraer, fácilmente se dirimía: porque en disgustando el marido a la mujer, o al contrario, la enviaban a su casa, y ella podía casarse con otro sin incurrir en pena, y él con otra, las veces que se le antojaba…”7

Sin embargo, Bethencourt Alfonso, no estaba de acuerdo con esta afirmación sobre la facilidad con la que los matrimonios y divorcios eran efectuados. Según este autor, éstos se realizaban cada 4 meses durante la celebración del Beñesmer o asamblea suprema, donde para casarse debían cumplir ciertas normas impuestas por la ley: tener los 25 años cumplidos, salvo en el caso de los nobles cuya edad podía bajarse hasta los 23, buen estado de salud, etc., prohibiendo el matrimonio a los que presentaban algún problema físico, por ello el hombre debía demostrar su valía en los Juegos Beñesmares8:

“…Todas estas condiciones debían de reunir para alcanzar del Estado la licencia matrimonial; pero tan pronto era conocido el dictamen favorable…volaba entre el mujerío de auchon en auchon y de tagoro en tagoro la noticia de que <<Fulana tiene ya su gánigo>>…”9

La ceremonia se realizaba de forma colectiva por clases “entraban primero los pretendientes nobles y después de concluir los siervos…”10

Y la ceremonia se realizaba de la siguiente manera:

“Llegada la hora y abriéndose calle a través de la muchedumbre, dirigíanse al Beñesmer las parejas de novios sin acompañamiento; ellas, si eran nobles, con el cabello tendido a la espalda y guirnaldas de flores en la cabeza, y ellos ataviados con

sus mejores ropas. A medida que iban llegando a las dos hogueras sagradas que ardían a los lados del portillo del Beñesmer, un sacerdote y una sacerdotisa entregaban a los novios de sus respectivos sexos una velita de cera encendida y penetraban en el edificio, que era un gran tagoro improvisado de arcos y ramaje…después de exhortarlos el gran sacerdote a guardarse fidelidad, entregaba a cada pareja dos cucharas de madera y un pequeño ganiguito con leche y gofio para que comieran juntos; saliendo luego los recién casados, ellas con el cabello ya recogido en moño y sin guirnalda de flores, llevando en las manos el simbólico ganiguito, en medio de las alegres aclamaciones del público, que arrojaba a las parejas flores y cebada…”11

Una vez, habían tenido lugar todos los casamientos, se procedía a aprobar los divorcios. Aquí, Bethencourt Alfonso también nos habla de una ceremonia, de la que sólo conoce el final del dicho acto:

“…Del ceremonial de los divorcios únicamente se conoce la escena final, en que el gran sacerdote tomando de manos de la mujer el emblemático ganiguito del matrimonio, a presencia el público lo rompían contra el suelo; significando quedaba destruído o anulado el casamiento y libres los contrayentes para casarse con quien quisieren…”12

Pero como expone Luis Diego Cuscoy, partidario de la monogamia entre la sociedad guanche, Espinosa nos habla de que la disolución del mismo podía realizarse de forma automática basándose en cualquier motivo, pudiendo volver a casarse de igual forma; esto, según este autor podría llegar a explicar el por qué se habla de la existencia de la poligamia, según él, debido a las continuas veces que podían casarse y separarse:

“…Asegura Espinosa que “tenían las mujeres que querían y podían sustentar”, pero esto está dicho después de hablar de la facilidad con que podían verificarse las uniones […] Bastaba el repudio por cualquier causa para conseguir la separación y, seguidamente, la elección de una nueva compañera. Posiblemente estos cambios, que serían frecuentes y habituales, hicieron pensar en la poligamia…”13

En cuanto a Gran Canaria, cuando se concertaba el matrimonio entre ambas partes, existía la costumbre de que la mujer debía estar 30 días antes de la celebración acostada y engordando, porque así se aseguraban unos hijos robustos:

“…Hecho el consierto de casarse, se recogia la novia por treinta dias, y se regalaba acostada en la cama con beberages de leche, gofio, y carne asada, y estando mui gorda avisaban a los parientes de ambas partes hazian bailes por quinse dias, y convites de cabra asada manteca, y otras comidas de su genero…”14

Buenaventura Bonnet, nos dice de las hijas de los nobles canarios que:

“…se recogían en las casas, o seminarios que el rey tenía para las hijas de los nobles, desde la edad de ocho años, poco más o menos, y las mantenían en ellas como veinte años, que estando bien instruidas, y de naturaleza robusta, las sacaban para casarlas con mancebo de igual calidad, y viéndolas primero el rey, no viéndolas gordas y con gran barriga, decía que no era tiempo de casarla, pues en vientre angosto sería la prole disminuida…”15

En relación a las mujeres con las que podían casarse, entre los guanches existían ciertas normas morales: podían casarse con las mujeres que quisiesen independientemente del tipo de vinculación que les uniese, con la única excepción de su madre y hermanas, con éstas estaba prohibido el matrimonio:

“…En el uso de la generación, no tenían respeto más que a madre y hermana, porque las demás, tías, primas y sobrinas, cuñadas, todas las llevaban por un rasero, sin diferencia alguna: pero aunque eran dados a este vicio, abominaban en extremo el pecado nefando…”16

En el caso del Mencey, éste sólo podía casarse con mujeres de su misma clase social, llegando incluso a contraer matrimonio con sus hermanas, para que su linaje no se “contaminara” con la sangre de las clases más bajas17:

“El Rey no casaba con gente baja y, a falta de no haber con quien casar, por no ensuciar su linaje, se casaban hermanos con hermanas…”18

Según Bethencourt Alfonso, en Lanzarote, El Hierro y Gran Canaria ocurría lo mismo19. Marín y Cubas, sobre Gran Canaria dice:

“…el casamiento se asentaba por voluntad o trato de amores entre los dos, el rey casaba con quien queria sin atender a hermana o hija; solo los demas con primas, hermanas o cuñadas viudas de su hermano, si quisiese…”20

Para este mismo autor, probablemente este derecho con respecto a los reyes, entre los guanches, se remonta a antes de “Tinerfe el Grande”, diciendo que los matrimonios consanguíneos entre hermanos fueron permitidos porque era la única manera de asegurar que la corona pasara a sus hijos de sangre:

“…Por lo que toca a Tenerife la noticia, aunque exacta, hay que referirla a época remota, muy anterior a Tinerfe el Grande, en que ya prohibidos por la ley los casamientos consanguíneos hizo una excepción a favor de los reyes; no para que éstos evitaran de ensuciar su linaje, como explica el fenómeno fray Alonso de Espinosa, sino porque estando aún vigente el derecho materno era el único medio que tenían los soberanos para asegurar la corona en sus hijos. Esta costumbre cesó cuando prevaleció el derecho paterno, que fue probablemente algunos cientos de años antes de la conquista…”21

También nos habla de un derecho que se ejercía la noche de bodas: el derecho a pasar la primera noche con la recién casada. Éste recaía sobre el rey o uno de sus nobles, tanto en Tenerife como en Gran Canaria:

“…Aunque en Tenerife alcanzó la familia un grado de perfección superior al resto del Archipiélago, nos inclinamos a que dentro de las derivaciones de los matrimonios por grupos y los privilegios de la nobleza existió el derecho de prelibación como en la isla de Canaria, donde el rey u otro por delegación ejercía en toda desposada el ius primae noctis o derecho de pernada…”22

Tomás Arias Marín de Cubas, sobre Gran Canaria:

“…era mui frequente el Guadartheme, que se le daba parte, y el novio le salía a recibir y le ofrecía la novia primero que el hubiese conosido de ella, y por una u dos noches era dueño de ella, y el dia siguiente la cogía por la mano, y se la dava a el marido, y quando el rey no admitia la oferta se la entregaba a uno de los nobles que venian con el, que hacían lo mismo que el…”23

Como hemos visto, estos ritos compartían semejanzas en algunas islas y, tanto los matrimonios como los divorcios, siguen unas normas y costumbres que convierten a un hombre y una mujer en pareja, de manera que la sociedad sepa que la unión o disolución de la misma, ha sido efectuada.

Candelaria Esther Ferrera Guanche

NOTAS AL PIE

[1] TEJERA GASPAR, Antonio: TENERIFE Y LOS GUANCHES. Ed.: Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1992. p.71.

“…De la tradición escrita se desprende que los guanches conocieron la poligamia…” En GUERRA CABRERA, PEDRO: Los guanches del sur de Tenerife. Una paz que no fue traición. Ed.: Centro de la Cultura Popular Canaria, 1980. p. 23.

[2] TEJERA GASPAR, Antonio, op. cit. p.71.

[3] ESPINOSA, Fray Alonso de: Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Ed.: Goya, Santa Cruz de Tenerife, 1977. p. 40

TEJERA GASPAR, Antonio, op. cit. p.71.

[4] GUERRA CABRERA, PEDRO, op. cit. p. 23.

[5] ARIAS MARÍN DE CUBAS, T.: Historia de las siete islas de Canaria. (Edición de Ángel de Juan Casañas y María Régulo Rodríguez. Proemio de Juan Régulo Pérez). Ed.: Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, 1986. p. 260. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 26 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/41270/rec/4

[6] ESPINOSA, Fray Alonso de, op. cit. p. 40.

TEJERA GASPAR, Antonio, op. cit. p.71.

[7] ESPINOSA, Fray Alonso de, op. cit. p. 40.

[8] BETHENCOURT ALFONSO, Juan: Historia del Pueblo Guanche. Tomo II: Etnografía y organización socio-política. (Edición anotada por Manuel A. Fariña González). Ed.: Francisco Lemus. La Laguna, 1994. pp. 200-201.

[9] Ibíd., p. 201

[10] Ibíd., p. 201

[11] Ibíd., p. 201

[12] Ibíd., p. 202.

[13] DIEGO CUSCOY, Luis: Los guanches. Vida y cultura del primitivo habitante de Tenerife. Ed.: Publicaciones del Museo arqueológico de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1968. p. 29. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 20 de agosto de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/44181/rec/177

[14] ARIAS MARÍN DE CUBAS, T, op. cit, p. 261. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 26 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/41270/rec/4

[15] BONNET Y REVERÓN, B. (1927-06). Los primitivos habitantes de Canarias: Los hijos. Revista de historia. Tomo II, (014-015), pp. 178-180. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 24 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/revhistoria/id/91/rec/8

[16] ESPINOSA, Fray Alonso de, op. cit.p. 40.

[17] Ibíd., p. 42.

[18] ESPINOSA, Fray Alonso de, op. cit. p. 42.

[19] “…Creemos lógica la interpretación de estas referencias como una supervivencia de los matrimonios consanguíneos por grupos, que por lo relatado parece eran comunes en la isla del Hierro y en Canaria y Lanzarote probablemente ya privativos a la corona a fines del siglo XIV…” En BETHENCOURT ALFONSO, Juan, op. cit. p. 195.

[20] ARIAS MARÍN DE CUBAS, T, op. cit. p. 261. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 26 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/41270/rec/4

[21] BETHENCOURT ALFONSO, Juan, op. cit. p. 195.

[22] Ibíd., p. 198.

[23] ARIAS MARÍN DE CUBAS, T, op. cit. pp. 261-262. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 26 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/41270/rec/4

BIBLIOGRAFÍA:

– ARIAS MARÍN DE CUBAS, T.: Historia de las siete islas de Canaria. (Edición de Ángel de Juan Casañas y María Régulo Rodríguez. Proemio de Juan Régulo Pérez). Ed.: Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, 1986. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 26 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/41270/rec/4

– BETHENCOURT ALFONSO, Juan: Historia del Pueblo Guanche. Tomo II: Etnografía y organización socio-política. (Edición anotada por Manuel A. Fariña González). Ed.: Francisco Lemus. La Laguna, 1994.

– BONNET Y REVERÓN, B. (1927-06). Los primitivos habitantes de Canarias: Los hijos. Revista de historia. Tomo II, (014-015). Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 24 de diciembre de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/revhistoria/id/91/rec/8

– DIEGO CUSCOY, Luis: Los guanches. Vida y cultura del primitivo habitante de Tenerife. Ed.: Publicaciones del Museo arqueológico de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1968. Documentación obtenida de Memoria Digital de Canarias (mdC). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Recuperado el 20 de agosto de 2017, de: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/44181/rec/177

– ESPINOSA, Fray Alonso de: Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Ed.: Goya, Santa Cruz de Tenerife, 1977.

– GUERRA CABRERA, PEDRO: Los guanches del sur de Tenerife. Una paz que no fue traición. Ed.: Centro de la Cultura Popular Canaria, 1980.

– TEJERA GASPAR, Antonio: TENERIFE Y LOS GUANCHES. Ed.: Centro de la Cultura