La leucemia felina

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Veterinaria Rebeca Marrero Col. 995

El virus de la leucemia felina se extiende ampliamente entre los gatos de todo el mundo, originando una grave depresión del sistema inmunitario. Cualquier gato puede verse afectado, pero no se transmite a otros animales domésticos ni a las personas.
Si bien es cierto que los individuos más vulnerables son aquellos que viven en la calle y están sometidos a continuas situaciones estresantes como peleas y falta de alimento, el contagio puede suceder entre gatos que viven dentro de casa y comparten caja de arena, comederos etc. Esto es debido a que el virus se transmite a través de saliva, orina, heces, leche y secreciones respiratorias de aquellos animales que están infectados. Además, el contagio puede tener lugar de una madre infectada a los fetos, durante la época de gestación.
Cuando un animal que no posee la enfermedad entra en contacto con otro que si la posee, pueden darse varias situaciones. En algunos casos, el sistema inmune del animal es suficiente para frenar la infección y no mostrar la enfermedad. En otros casos, la defensa no resulta suficiente y el animal queda infectado por el virus, pudiendo mostrar distintos síntomas de enfermedad, incluida la muerte.
Los gatos positivos a leucemia felina pueden estar varios años sin mostrar síntomas de enfermedad. Sin embargo, son muchos los síntomas y enfermedades secundarias que pueden aparecer asociados a la presencia de este virus. Debido a la inmunosupresión que produce, los individuos son más susceptibles al contagio de otras enfermedades víricas y bacterianas. Además, es frecuente que los animales afectados presentes síntomas inespecíficos como debilidad, fiebre, adelgazamiento progresivo o anemias muy marcadas.
Hay varias maneras de saber si nuestro gato posee o no la enfermedad. Aunque no es la prueba mas específica, existen unos kits diagnósticos que se utilizan de manera rutinaria en las clínicas veterinarias, y para los cuales solo necesitamos una muestra de sangre del animal en cuestión. Pasados diez minutos podemos conocer el resultado.
Ya que es una enfermedad que no presenta cura y que causa gran cantidad de muertes al año, es importante centrarse en la prevención. Por ello, existe una vacuna que ayuda a evitar el contagio de la enfermedad. Esta vacuna se puede administrar a partir de la octava semana de vida del gato y necesita un refuerzo 3 semanas más tarde de la primera aplicación. Además, se debe repetir de manera anual.