Juan Francisco Alonso: “Invito a vivir estas Fiestas como una ocasión especial”

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(Tere Coello, agosto 2017) Este mes de agosto, recién estrenado, el municipio de Arafo celebra sus Fiestas Patronales en honor a sus patrones: San Juan Degollado, San Agustín y San Bernardo.

Juan Francisco Alonso Molina es el párroco de este municipio desde septiembre del año 2013, un municipio que rinde homenaje a cada uno de sus patrones en un día específico.

Al comienzo del mes celebramos la Bajada de San Agustín de Las Madres y a final de mes tenemos la Fiesta de San Bernardo, la Romería de San Agustín y la Fiesta de San Juan, con las correspondientes celebraciones religiosas”, explica el párroco

Atendiendo a cada una de estas festividades y comenzando por la Bajada, la que ya hemos detallado en el suplemento especial Añavingo, hacemos referencia al hecho que le confiere más sentido y que no es otro que el “milagro” del que se habla generación tras generación y que nos impulsa a conocer más profundamente. ¿Realmente debe ser considerado como un Milagro?, preguntamos al sacerdote de Arafo, quién destaca que “un milagro es todo aquello que al final nos remite a Dios. Puede ser algo muy excepcional como lo que se narra de San Agustín de Las Madres o puede ser algo que para uno resulte normal, como puede ser el nacimiento de una criatura. La finalidad del milagro es despertar la Fé y, por tanto, que se ame a Dios. El milagro de San Agustín nace de la Fé del pueblo.

La Bajada de San Agustín de Las Madres se celebra cada cuatro años y consiste en procesionar la Imagen del Santo, una talla de titularidad privada, desde el barranco de Añavingo hasta la ermita que se encuentra en el pueblo. Esta Bajada, según los vecinos que la celebran y los historiadores que han escrito sobre el hecho ocurrido en Añavingo, en 1751, intenta rememorar el “milagro”, algo que se ha transmitido de generación en generación, a través de los siglos pero que no figura certificado o reconocido como tal milagro o prodigio en ningún libro de la Iglesia.

Al respecto, Juan Francisco, sacerdote de los araferos y araferas, deja bien claro que él si cree en el milagro como tal, “los milagros sean como sean y sucedan donde sucedan tienen esa finalidad, que es remitirnos a Dios. Que sean reconocidos o no por toda la Iglesia es algo que afectará a toda la Iglesia. Está claro que, por ejemplo, el que la Iglesia diga que en Fátima se ha reconocido la aparición de la Virgen a mi me da una garantía porque yo no estaba… Yo llego aquí y veo que existe una tradición del pueblo y que nace del pueblo… Debemos tener en cuenta que no todos los hechos que suceden con estas características son reconocidos ¡pero sí que suceden muchas cosas y suceden milagros! La Iglesia puede reconocer el milagro o no. Al final, no se trata de que la Iglesia tenga que reconocer todos los milagros, subraya. Además, el sacerdote añade, al hacer referencia al milagro de San Agustín de Las Madres no se puede decir que la Iglesia de un modo oficial o que el Obispado de Tenerife lo reconozcan como tal, no… ¡Pero tampoco lo ha negado!¡El milagro es reconocido por el pueblo, nace del sentido de la Fé del pueblo!”.

Ahora, que haya sucedido ese hecho o no… ¡Qué cada uno lo viva y lo interprete como quiera! La Iglesia no nos obliga a creer en él pero tampoco nos lo prohíbe! ¡Y que conste que yo si creo en el milagro!, puntualiza.

El pueblo lo celebra, lo vive y lo transmite, como también transmite la devoción y las tradiciones en torno a San Bernardo, San Agustín y San Juan Degollado.

Juan Francisco Alonso Molina oficiará las correspondientes celebraciones religiosas y nos invita a vivirlas como acontecimientos especiales. “Mi deseo real es que no dejemos caer la ocasión de las Fiestas Patronales en formalismos porque el formalismo es lo que mata la Fé”, matiza, explicando que con esto quiere expresar que “el formalismo marca que algo se ha hecho de determinada manera y se debe seguir haciendo igual… Debemos dejar interrogarnos por la Fé e intentar descubrir que nos pide el Señor este año. Se trata de vivir las Fiestas como una ocasión especial de diálogo con Dios. Tanto San Juan Degollado (San Juan Bautista), como San Agustín y San Bernardo (dos de los grandes intelectuales de la Iglesia, dos grandes escritores) son auténticos referentes para encomendarnos, aprovecharnos de su sabiduría y preguntarnos qué nos quieren decir estos grandes santos”.