Un gallo güímarero expone junto a los grandes, en Nueva York.

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(Tere Coello, mayo 2017) Tras su paso por Cuba y Nueva York, el pintor tinerfeño y güímarero, Ale Montañez, regresa a casa, enmarcado en la satisfacción, repleto de colores, pinceladas mágicas y vivencias sin parangón, coloreando con el mejor de los tonos el nombre de las Islas, a nivel internacional.

Sinceramente, tras esta experiencia, me encuentro como flotando. Sé que es un momento importantísimo para mi carrera, sobre todo de cara a un futuro. Aunque, la verdad, ahora no tengo esa percepción futurible porque aún me encuentro sumido en un estado como de ensueño… “

Así es la sensación que ha dejado en Ale Montañez su paso por Artexpo 2017, la Feria del Arte, en Nueva York, que se celebró desde el día 21 hasta el 24 de abril. Coma cada año, Artexpo, se convierte en la cita incuestionable a la que acuden expertos de la industria del Arte, en busca de obras y artistas que dan forma a las tendencias en galerías de casi todo el Mundo. Artexpo es la mayor Feria Internacional de Arte que concentra a más de 25.000 personas, entra las que se encuentran compradores de arte, comerciales cualificados, galeristas y gestores, marchantes de arte, diseñadores de interiores, arquitectos y artistas. Y entre todos ellos, uno más entre los grandes del arte, Ale Montañez..

¿Con qué se queda de este momento vivido?

-Me quedo con la sensación de haber compartido este espacio de Arte con los Grandes. Habían muchísimos pintores. ¡Lo más importante, quizás, es que mi obra se quedá aquí, formando parte de una galería!

¿Y tras esta exposición?

-Me han ofrecido viajar y exponer en Santa Fe mi colección de Vírgenes. Tengo que espabilarme y terminar esta colección porque la exposición es en junio. Además me quieren hacer el sponsor, con ello podré arreglar mi Visa de Artista, con lo que podré entrar y salir cuando quiera. Esto me ilusiona mucho porque en Nueva York me siento tranquilo y la inspiración me visita, lo que ha quedado reflejado en los cuadros que he expuesto.

Durante algo más de mes y medio ha vivido este sueño plenamente. Pero antes de Nueva York visitó Cuba

-Si, el pasado 18 de marzo el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, celebraba las “Jornadas de la Huella de España” y fui invitado por el propio Museo, como pintor español para impartir una conferencia sobre mi colección de “Los Gatos Astrológicos”. Estas jornadas se organizan cada cuatro años y este año “la huella” le correspondía a las Islas Canarias

-¿Cómo fue esa experiencia?

-Alrededor de 200 personas estaban presentes, entre alumnos y padres. A los organizadores de esta Jornada les interesaba que explicara mi trayectoria artística, sobre todo a los niños. Llevé tres de mis “gatos” y se trataba de que los niños realizaran un mural sobre ellos. El hecho de que ellos me convoquen para que hable de mi experiencia como artista, para transmitir a esos niños que se puede… ¡para mi es un honor!

-¿Y cómo fue el inicio de su trayectoria artística?

-Me lancé a pintar porque sentía la necesidad de comunicar mis sentimientos y los plasmé en los lienzos bajo mi creatividad. Mis sentimientos los traduje en ideas, formas y colores. Sin técnicas. Sin guías. Y aprendiendo de forma autodidacta. Siempre digo que fue muy útil para mi visitar museos porque, al ver la obra maestra, aprendes mucho.

-¿El Gobierno de Canarias o el Gobierno Insular conocía su participación en estas jornadas, como pintor canario invitado? ¿Mostraron algún interés al respecto hacia usted?

– La verdad, no sé si lo sabían o no… ¡Pero interés ninguno! El interés por mi obra lo ha mostrado el público y especialistas en arte. Si es cierto que en el año 2015, cuando estuve en Cuba, en la Asociación Canaria, en La Habana, participando en “Diálogo cultural entre dos pueblos”, estuvo el viceconsejero de Acción Exterior en el acto. Quitando esa ocasión no he vuelto a contar con ningún tipo de apoyo institucional pero tampoco lo he buscado. Mi arte es muy a mi manera, ni es costumbrista ni localista.

-¿Está de acuerdo en eso de que “nadie es profeta en su tierra”?

-No sé… Lo que si sé es que estas jornadas que realiza el Museo Nacional de Cuba pasan casi desapercibidas. Primero, porque ya existe una especie de reparo al tratarse de Cuba pero ¡ojo! Cuba culturalmente no se ha quedado detrás. Incluso está por delante de otros lugares. ¡Los artistas cubanos están cotizadísimos a nivel mundial, más que los españoles. Cuando hablamos del Museo de Bellas Artes de Cuba no le damos toda la importancia que merece. A lo mejor es porque aquí, en nuestro país, hay muchos museos de arte. Pero es que en Cuba sólo hay uno, ¡ese! Cuba atesora en su museo los cuadros, por ejemplo, de Valentín Sanz. Aquí, en Santa Cruz, le han dedicado una calle… ¿Y quién era? Valentín SanznNace aquí, emigra a Cuba. Allí estudia y dirige la Escuela de Arte de San Alejandro, la mejor de toda América por entonces. Él fue un maestro del Impresionismo y enseñó a pintar a la generación vanguardista de 1900, a todos esos artistas cubanos que salieron fuera. Todos esos pintores poseen la huella de Valentín Sanz, ese tinerfeño que aquí muchos desconocen…

-¿Qué ha supuesto exponer en Nueva York?

– Nueva York ha sido una oportunidad. Me ha abierto las puertas para darme a conocer a coleccionistas internacionales que viajan a este país para conocer quién está exponiendo, qué se está haciendo. Como se puede entender, este es un momento importante porque no siempre se está ahí, en ese punto. ¡Y ahí he estado, con mis cuadros y eso me ha ilusionado! Nueva York ha sido el principio y la puerta a otras exposiciones.

– Tras este éxito internacional, ¿Va a exponer en la Isla?

-Como ves, aquí no hay nada organizado, no hay exposiciones ni creo que se hagan. Probablemente mi obra se venda fuera, se quede fuera y… Al menos sé que, para ser canario, tengo un estilo sin demasiada influencia de los pintores canarios como Óscar Domínguez, Pepe Dámaso u otros tan importantes. ¡Hay que tener en cuenta que Pepe Dámaso ya viene de vuelta, es un auténtico artista con nombre propio! Yo me he hecho mi caminito y me lo sigo haciendo. Lo mío es otro estilo con mis propias peculiaridades y sin ninguna pretensión. Yo pinto lo que me nace, lo que me gusta.

-Ha mencionado a Pepe Dámaso y recuerdo que una de sus musas es la imagen de la muerte. ¿Cuál es la suya?

-La flor porque es la representación más perfecta de la naturaleza. Es el color que se manifiesta en algo tan delicado. ¿Quién no se emociona ante una flor? Es la simbología de la vida, el color de la vida.

-¿Ha vendido sus obras de arte?

-Desde mi anterior exposición, en Miami me hicieron muchas propuestas por mi colección de “los Doce Gatos Astrológicos” pero aún no me he decidido a venderlos. No tengo mi obra puesta a la venta porque yo no he pintado para vender ni para sobrevivir. Yo pinto para mi, para comunicar mis emociones. Es verdad que ha ido creciendo la presencia de mis cuadros y mi arte empieza a gustar. Me gustaría que siguiese así. Algunas de mis obras ya se exhiben en Museos y, tal vez, pronto alguna luzca en un museo de España.

-¿No ha vendido pero si ha regalado alguna de sus obras más significativas?

-Si. Regalé mi “Sirena de Fuego”. Yo con Cuba tengo una deuda porque ha sido Cuba la que me impulsó, la que me descubrió como artista en el Taller del Diálogo, en el Museo Nacional. Estar presente, exponiendo en ese Museo, supone un auténtico prestigio dentro y fuera de Cuba.

-¿Echa en falta un Museo de Arte en Tenerife, de forma permanente -teniendo en cuenta que es cocapital de Canarias-, en el que podamos ver obras de los pintores canarios?

-Si. Claro que lo hecho en falta. Tendríamos que tenerlo. ¡Y más con la calidad de los pintores que hemos tenido y tenemos! Tenerife tiene mucho que ver con el Subrrealismo. Tenemos un pintor como Óscar Domínguez, subrrealista a nivel mundial. Tenemos a Néstor De La Torre, ¡un pintor maravilloso de Gran Canaria! Mencioné antes a Valentín Sanz… Aquí no se ha sabido fomentar la pintura. Tenemos una pérdida de artistas canarios que han sacado su obra fuera y sigue fuera. Un poco lo que sigue pasando ahora… Menos mal que los pintores no necesitamos de materiales ni espacios carísimos, lo que nos permite ser autónomos en nuestro arte, con y sin instituciones. Digamos que las instituciones abren la puerta para visibilizar al artista porque si no eres visible no existes…, ¡y ahí si fallan!

-¿Qué supondría vender sus cuadros?

-Desprenderme de algo querido. ¿Por qué? Porque yo no pinto en serie. Sólo hago uno. Por ejemplo, mi pintura de la “Sirena del fuego” gustó muchísimo pero no por eso pinté siete u ocho. Sólo hice uno y ese está en La Habana. Por eso tiene ese valor. Y esta forma de pintar la seguiré hasta el final.

-Cada lugar le ha inspirado de una manera peculiar, en Cuba fue “la Sirena de Fuego” y en Nueva York, “La Ciudad que nunca duerme” o “La luna llena de primavera”, entre otros. ¿Siente que van quedando trozos de Ale Montañez por el mundo?

-Si, totalmente. A mi América me gusta, sus colores del cielo, del amanecer… Ámsterdam, básica para mi, la necesito. ¡Miami…! El estar fuera provoca que te intereses por otras cosas y eso se plasma en tu obra. Al final la obra es el resultado de lo que piensas y sientes. Y cuando dejo un cuadro mío en algún punto de la geografía también dejo una parte de mi.

-¿Es necesario expandirse, abrirse al mundo?

-Claro. El no expandirse trae consigo la no reciprocidad. El no movimiento trae consigo el no ser empático. Sin embargo, el viajar, el contactar, el conocer otra cultura te ayuda a razonar de otra manera y a evolucionar, sin obviar el sosiego que aporta a tu vida.

-Aparte de alusión a lugares maravillosos, ¿en su obra podemos encontrar momentos sensibles por los que haya pasado?

-Si, mi vida personal está reflejada en mis pinturas porque no soy ajeno a lo que me pasa. Hay un cuadro en el que reflejo dolor. Es uno muy grande, con unas manos. Pensé en llevarlo a Nueva York pero es demasiado grande…

-¿cómo ha cambiado su vida artística?

-Yo tenía una vida que pasaba… ¡Yo vivía tranquilo, pintaba lo que me gustaba y ya! Ahora no es igual. Los medios de comunicación se interesan. Me llegan mensajes y correos a diario, interesándose por mi obra y mis exposiciones. Leo y escucho opiniones y, lo quieras o no, lo pretendas o no, el estado interior cambia.

Y ya, para finalizar, esas opiniones, esos mensajes, ¿son buenos o malos?

-¡Para ser sinceros, muy buenos, pero eso también te asusta! ¡Lo que no quiero es crearme o creerme expectativas que me condicionen! Mis cuadros no tienen porqué gustar a todo el mundo; lo importante es que a quienes le guste mi pintura le llegue mi arte.