Finados y leyendas en torno a la noche de los difuntos

en ISLA el .

(Tere Coello, octubre 2017) A las puertas de una de las celebraciones más controvertidas de nuestro tiempo, nos dejamos seducir por el ritual de la magia en una de las noches más fúnebres del año, en la que se mezcla el respeto a lo desconocido con la celebración en nuestras mesas…

A finales de octubre casi todo está dispuesto para rendir honores a nuestros familiares, amigos y conocidos y fallecidos. El día 2 de noviembre celebramos la festividad de los fieles difuntos y son muchos los actos que se llevan a cabo al respecto. Los camposantos se convierten en icono de visitas, las puestos de ventas de flores hacen su agosto, las lámparas de aceite brillan y hay mucha más cera de la que arde en forma de velas. En estas fechas la susceptibilidad está a flor de piel y casi todos, de una forma u otra, rememoramos estas fechas, en ocasiones evocando cuentos y leyendas en torno a unas castañas asadas y un poco de vino nuevo.

Antes de que Halloween llegara a nuestros hogares, procedente de los países anglosajones hace casi dos décadas, la isla ya contaba con su propia fiesta para honrar a los difuntos. 

La fiesta de los Finados tenía lugar la noche del día de todos los Santos, del 1 al 2 de Noviembre.

Sin embargo, actualmente se celebra en la víspera de todos los Santos, el día 31 de octubre, aprovechando que la jornada siguiente es festiva.

Tras años de silencio -o de “despiste”-, cada vez son más los que se suman al rescate de lo propio evitando que se asienten desmedidamente los extranjerismos, bien por moda o, simplemente, por la más inocente ignorancia, puesto que son muchos los jóvenes isleños que desconocen la existencia de la celebración de los finados. ¡Pero sí que saben lo que es Halloween!

Los Finados o finaos, como algunos lo llaman-, son los seres fallecidos a los que se recuerda y rinde homenaje en la noche de los difuntos, entre el día uno y dos de noviembre.

Antiguamente, la noche de finados era una práctica en la que se reunían familiares, amigos y vecinos a modo de convivencia en una velada peculiar. Se hablaba, se debatía y se comían los frutos de la época, tales como castañas, nueces, manzanas del país, (como las reinetas)…acompañado todo con anís y ron miel debido las gélidas temperaturas de la estación otoñal.

Con el paso del tiempo esta celebración fue adquiriendo un carácter lúdico popular, ya que participaba todo un pueblo, e incluso se acompañaba la noche con parrandas que amenizaban la finada, celebrada en varios lugares de Tenerife.

En Barranco Hondo, por ejemplo, si hacemos referencia a esta celebración debemos tener en cuenta la Cofradía de Ánimas

En los pueblos marcados por las faenas agrícolas y los cambios de estación, la muerte de una persona no pasaba desapercibida para nadie. Ningún vecino quedaba ajeno a ella y de un modo u otro participaba en el velorio y entierro.

La casa del muerto se transformaba en el centro de actividad social, lo que se convertía en una oportunidad para el encuentro de los vivos.

En tiempos pasados la noche de finados tenía lugar en el recogimiento de la nocturnidad, en la intimidad familiar o del vecindario, en la que hacían aparición los “Ranchos de ánimas”. Estas eran unas parrandas formadas generalmente por hombres. Ellos cantaban canciones muy monótonas acompañadas de panderos, sonajos y triángulos, recogían limosna para aquellas personas o familias que no podían costear un entierro digno a su difunto, los conocidos como “pobres de solemnidad”.

Las limosnas servían para comprar ataúdes que se convertían en lechos comunitarios ya que existía la tradición de enterrar directamente en la tierra.

En Barranco Hondo, por ejemplo, si hacemos referencia a esta celebración debemos tener en cuenta la Cofradía de Ánimas. Esta contaba con su Rancho de Ánimas que salía a recoger las limosnas para celebrar la Novena de Ánimas, recorriendo todo el pueblo, de casa en casa,la noche del Día de Todos los Santos y todo el Día de Finados. Los vecinos contribuían a los gastos originados por dicha Novena, con dinero o con productos del campo que recogían en unas alforjas y luego los miembros de la Cofradía llevaban a vender a La Laguna, Guamasa o Valle de Guerra. Con el dinero recaudado se pagaba las velas de aceite y cera que se encendían para honrar a los difuntos, en el Altar de Ánimas.

En algunas zonas de la localidad candelariera se sigue celebrando la Novena de Ánimas sin alcanzar a contar con la repercusión que tuviera en tiempos pasados.

Los tiempos cambian y con ellos las modas, como la celebración de Halloween, ajena a nuestras costumbres pero cada vez más implantada, solapando señas de nuestra identidad por algo similar. El conocido “truco o trato” actual es muy similar al denominado “Pan por Dios” que se realizaba en zonas como Santiago del Teide. Los más pequeños iban con sus cestas, de casa en casa, pidiendo para los finados el “pan por Dios”. Las vecinos de las puertas en las que tocaban daban mandarinas, castañas, frutos secos con los que las familias menos pudientes pudiesen honrar a sus invitados en la noche del velatorio del difunto.

Son muchos los historiadores que coinciden en que casi todo se ha descontextualizado. Si el Pan por Dios se pedía ante situaciones de carencia, motivados por el velatorio a un difunto o en el entorno de reuniones en las que se hablaba de la muerte, el Truco o trato de hoy en día responde más a un juego o una fiesta.

Otra costumbre es la de los Santitos y que se celebraba en lugares como San Juan de la Rambla. En este caso el panadero dejaba un pequeño pan a sus clientes fieles de todo el año, denominándolo también “Pan por Dios” como muestra de agradecimiento. A este detalle, los clientes respondían con la expresión “que te lo acreciente Dios” -que viene a ser algo así como el “que Dios te lo pague”