Elisa Campos devuelve a San Agustín de Las Madres su verdadera Imagen

en ARAFO el .

Artículo publicado en el suplemento especial “Añavingo”.

(Tere Coello, agosto 2017). Entre obras de arte a las que devuelve su esplendor pasa sus horas, días, meses y años, Elisa Campos.

La meticulosidad que le confiere su pulso y su saber hacer, se entremezcla con la pasión por su trabajo, al que la restauradora güímarera ha dedicado más de 27 años de su vida.

El dedo de San Pedro, de Güímar; el sitio histórico de Chinguaro; los cinco lienzos que lucen en el salón Martín González del Hotel Mencey; la figura de “El Negrito”, de la farmacia El Negrito… son sólo algunas de las muchas Obras de Arte restauradas por Elisa Campos Domínguez, a las que se les ha unido recientemente la Imagen de San Agustín de Las Madres, “el chiquito”, como así le llaman cariñosamente los araferos y araferas.

Antes de aceptar el encargo de restauración, la restauradora de obras de arte, debió recorrer el barranco, hasta llegar al lugar donde se encontraba la Imagen para hacer la correspondiente valoración. “Tuve que subir el barranco para observar la talla porque no querían mover la Imagen. ¡Fue toda una excursión! En realidad, a mi tampoco me gusta mover las obras hasta que no está aceptado el presupuesto. Ya en el lugar observo la Imagen detalladamente, hago algunas fotos y un informe previo de conservación. ¡Y el estado era muy, muy, malo! La Imagen estaba completamente repintada sobre la policromía original”.

Elisa Campos comenta que en esta primera valoración se vio con el problema de que, en ese lugar tan apartado del barranco, carecía de medios para valorar si existía o no una policromía original, puesto que “esto no se sabe hasta que te metes en faena haciendo unas catas pequeñitas. Aunque en este caso no hacía falta porque el mal estado estaba a la vista.

La Imagen de San Agustín de Las Madres, del siglo XIX y propiedad de la Comunidad de Regantes del barranco de Añavingo, está tallada en madera, en lo que se refiere a la estructura central del cuerpo, brazos y cabeza. El volumen del manto está realizado en pasta. El soporte estaba bien, no faltaban piezas. El problema era que estaba todo repintado. Había que levantar el repinte para ver lo que aparecía y en qué estado nos encontraríamos la pintura original”, subraya la restauradora, quien comenta que para trabajar en la Imagen del Santo no trató directamente con los propietarios de la misma, sino que fue a través de Soraya Hernández Afonso, vecina de Arafo y de quien recibió el encargo.

Campos Domínguez trabajó un periodo aproximado de casi tres meses en la restauración de San Agustín de Las Madres, “no se trata de tres meses las 24 horas del día. Pero tienes que esperar el tiempo conveniente para que actúe un tratamiento antes de aplicar el siguiente, por lo que antes de ese tiempo es imposible dar por finalizado un trabajo bien hecho de estas características. Quitar las diferentes capas de repinte es algo muy delicado. Tienes que ir con muchísimo cuidado porque, a la vez que ablandas vas levantando con bisturí, muy despacio y con mucho cuidado, una vez que ya sabes que hay una policromía original que conservar y que no puedes dañar”.

Han sido varias las capas de repinte que ha soportado la Imagen, “capas diferenciadas claramente había dos. Y después habían otras puntualmente en determinadas zonas. Una vez levantamos estas zonas observamos que hay lagunas de pintura original, o sea, por algunos sitios tenía más capas de pintura al aceite. Una pintura mala, mala. Y en cuanto a la pluma que tenía en la mano, esta era de plástico pintada de purpurina. O sea, que no era nada original y además estaba partida. ¡Por supuesto se eliminó! Y, de momento, se colocó una pluma natural”.

Restaurar cualquier Obra de Arte lleva consigo un entramado de dificultades de diferente magnitud. En el caso de la talla del Santo arafero, la especialista en restauración no sólo tuvo que lidiar con esas diferentes capaz de pintura al aceite a la que fue sometida la Imagen sino que a esto tuvo que añadirle que, al tratarse de una talla de tamaño pequeño, la minuciosidad debìa ser más grande. “ Es más complicado trabajar cuanto más pequeño sea el objeto a restaurar. Al ser todo muy chiquitito, los ojitos son pequeñitos, las manitas, las uñitas… A la hora de quitar el retinte te tienes que ir fijando en lo que se va encontrando… La pintura original tenía muchas grietas y todo eso lo fuimos consolidando. Y las faltas que tenía las nivelamos con estuco igual al original. Es decir, sobre el soporte de madera pusimos una capa de estuco que es una preparación blanca sobre lo que se pone la policromía. De esta manera igualamos la falta, lo nivelamos perfectamente con la original y después integramos la pintura que falta”.

La Imagen ya está restaurada pero, a partir de que fue entregada, el pasado 4 de junio, el encargo es que debe ser cuidada con esmero, a fin de mantenerla en el mejor estado posible.